Hoy, 1 de enero de 1910, hace diez años desde que falleció mi abuelo, mi abuelito, mi querido Capitán. Lo recuerdo todo como si fuera ayer mismo. Todo. El doctor Walker corriendo de un lado hacia el otro buscando hielo y su frasco de plantas medicinales, la desesperación de papá, los lloriqueos de mis hermanos, etc. Lo pasamos muy mal, sobre todo yo. Que desde aquel día, no volví a abrir ningún libro suyo, ni fui al laboratorio y a la biblioteca, ni quise saber nada de la ciencia. Todo lo que recordaba a él, lo iba esquivando. Todo excepto hoy.
Trabajo por el señor Hofacket. Sí, el pesado fotógrafo que tomó las fotos de la algarroba que descubrimos yo y mi abuelo. ¿Quién iba a decir que acabaría trabajando con él? Desde la muerte de mi abuelo quise encontrar otro hobbie que me llenara los tiempos libres, así que empecé a interesarme por la fotografía. A lo que iba diciendo, trabajo por él y cada día me voy a varios lugares de los alrededores de Austin a tomar fotografías de lo que llame la atención. No gano mucho dinero pero me llega para pagar el alquiler. Vivo sola y aún sin esposo a los veintidós años que tengo. Es todo lo contrario a lo que quería mi madre pero, es exactamente lo que yo quiero.
Por la mañana, nada más despertarme, he ido al cementerio de Texas, a visitar una vez más la tumba de mi abuelo. He dejado caer en ella unas cuantas hojas de algarroba y he colocado la fotografía de un automóvil en Austin que tomé ayer mismo. Era una de las cosas que más quería tener antes de que muriera. He estado en el cementerio solo diez minutos, cosa que me asombró, normalmente me quedaba allí una hora, hora y media. Al regresar a casa he comido y he decidido hacer una limpieza general. Limpiando el armario del trastero, he encontrado un baúl que no recuerdo exactamente cuando lo puse allí. Lo he abierto y me he encontrado con todos los libros que me regaló mi abuelo: Flora y fauna fascinantes de las Antípodas, Taxonomía del mundo de los insectos, etc. Seguían en perfecto estado. También he encontrado mi cuaderno rojo donde habían las anotaciones de cada experimento que hacía y, en lo más profundo del baúl encontré el libro que me regalaron mis padres por navidad: La ciencia de las amas de casa. Lo he cogido y he empezado a hojear las páginas para encontrar alguna receta para cocinar esta noche. Pero de repente, ha salido un sobre del libro. En el sobre pone: Para Calpurnia. No puede ser, es la caligrafía del abuelo. Sin pensármelo dos veces, lo he abierto. La carta dice:
Querida Calpurnia,
Cuando recibas esta carta, los años ya habrán pasado y yo seguramente también. Espero que mi fallecimiento no te halla afectado mucho. Siento mucho dejarte sola en el mundo de la ciencia, pero como ya sabes, somos seres vivos y elaboramos el ciclo de la vida y para mi, ese ciclo ya ha terminado. Quiero que sigas en el mundo de la ciencia. Sé que nunca te lo he dicho, pero te lo digo ahora. Nunca te he querido obligar a formar parte de esta expedición, ya sabes, investigar y experimentar cosas que casi nadie se cuestiona. Quiero que no dejes de lado a tu cuaderno. Que sigas con investigaciones y que sigas cuestionándote sobre cualquier cosa. Esté donde esté, te animo a seguir luchando por tus sueños y hacer lo que más te gusta.
Un abrazo,
tu Capitán.
En seguida me he puesto a llorar. Lo Echaba muchísimo de menos cada día, cada segundo de mi vida, aunque no se notaba. Rápidamente, he querido repasar mi cuaderno, hasta llegar en la última página, la página donde hay escrito la lista de todas las cosas que me prepuse una vez. Me he dado cuenta que solo se ha hecho realidad una cosa, ver la nieve, cosa que sucedió el día que murió mi abuelo. Aún queda muchos sueños a cumplir. Y estos sueños se van a cumplir a partir de hoy. Ver la aurora boreal, conocer a Harry Houdini, navegar por cualquier océano, sumergirme en las cataratas del Niágara, ir a Coney Island y al Gran Cañón, ver la Torre Eiffel, un canguro, un ornitorrinco.
¿Quién dice que es imposible? ¿Quién dice que una mujer no puede vivir su vida por sí misma? Porque quien lo dice, está equivocado. Porque quien lo dice, aún no me conoce. Así que voy a cumplir todos mis sueños y voy a volver a hacer lo que me apasiona. Voy a dedicarme a las ciencias y con el dinero que he ido ahorrando voy a ir a la universidad dejando todo lo que estoy haciendo ahora. ¿Por qué no? Todo lo voy a hacer por mi abuelo y, obviamente, por mí.

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