dissabte, 28 de novembre del 2015

EL COMIENZO DE LA IMAGINACIÓN: ERA UN SUEÑO, O NO

En 1899 ya habíamos aprendido a dominar la oscuridad, pero no el calor de Texas. Nos levantábamos de noche, horas antes del amanecer, cuando apenas había una mancha de añil en el cielo oriental y el resto del horizonte seguía negro como el carbón. Mi hermana, Rose, y yo nos levantábamos siempre a la vez y nos vestíamos ágilmente. Siempre nos poníamos la misma ropa que habíamos llevado el día anterior, ya que en el orfanato solo te dejaban lavar la ropa una vez al mes. Todo lo teníamos que hacer rápido, sino te perdías el desayuno. El desayuno, a las siete en punto, siempre constaba en una rebanada de pan seco acompañado con un vaso de leche. Después de esta rutina madrugadora que hacíamos nos poníamos a trabajar. El trabajo iba variando cada mes. Este mes tocaba coser todo tipo de cosas 
 
Hoy había sido diferente. Me levanté tarde, alrededor de las once de la mañana, y empecé a ponerme la ropa. Me dirigí a la oficina del Sr. Campbell, ya que levantarse tarde recibía un castigo grave y urgente. Curiosamente no había nadie en los pasillos. Al llegar a la oficina, me puse  a llamar la puerta, como era de costumbre. Estuve un largo tiempo llamando y nadie me contestaba, así que decidí abrir la puerta por mí misma. La oficina estaba completamente vacía. Entonces, empecé a pensar que el mundo había desaparecido. Empecé a correr hacia todas las habitaciones para revisar si había alguien, pero nada, ni rastro de un ser vivo. Mi hipótesis era cierta, el mundo había desaparecido. Esto suponía un hecho perfecto. Toda la comida era para mí, podía escuchar la radio cuando quisiese, etc.  
 
 Al cabo de un tiempo, empecé a preocuparme. El sonido del silencio me volvía loca y, lo único que oía era mi subconsciencia. Las puertas que daban con el exterior estaban cerradas, así que no pude salir. Cogí la radio y me fui a mi habitación y, empecé a llorar. Echaba de menos a todos. De tanto llorar me quedé dormida y, al levantarme, todo era como antes. No me lo podía creer. Se lo expliqué a mi hermana y me dijo que a lo mejor era solo un sueño, pero no. Yo sabía que no era un sueño. La radio que cogí conmigo en el supuesto sueño seguía en mi habitación, justo donde la dejé colocada antes de adormirme. 



Mi hermana Rose (la de la derecha) y yo (la de la izquierda).
 

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